Me llamo Daniela y llevo el Hotel Noucentista, a pocos pasos del mar. Desde mis ventanas veo pasar las estaciones de mi pequeña ciudad, y si hay una que espero cada año, es la de las flores. En Sitges la flor no es un simple adorno colocado sobre una mesa: cuenta una historia antigua, hecha de manos pacientes, de pétalos contados uno a uno y de una luz mediterránea que hace vibrar los colores. Y esa historia tiene una fecha que quiero darle enseguida: la gran cita floral, el Corpus, se celebra en el mes de junio.
El fin de semana del Corpus y los días que lo rodean, las calles del centro histórico desaparecen bajo los pétalos, y la ciudad acoge al mismo tiempo la Exposició Nacional de Clavells, la exposición nacional del clavel. Dura poco: unos días, una vez al año. Muchos visitantes se enteran cuando ya han vuelto a casa, así que prefiero decirlo en la primera línea. Si quiere ver Sitges en su versión más florida, es esta la época a la que hay que apuntar.
Las alfombras de flores, paso a paso
Todo arranca la noche anterior a la fiesta. Familias, vecinos y asociaciones trabajan juntos para componer las famosas catifes de flors, las alfombras de flores que cubren las calles del centro histórico. Primero se dibujan los motivos en el suelo, y después se rellena cada forma con pétalos, muchas veces de clavel, colocados por colores. El resultado parece un enorme mosaico vivo que solo puede admirarse durante un día, antes de que la procesión y los pasos de los visitantes lo vayan borrando poco a poco.
Las cifras marean: son cientos de miles de pétalos los que visten el centro y sus decorados. Detrás de ese número hay semanas de preparación, cubos de pétalos separados a mano y muchas noches en blanco de las alegres. Siempre recomiendo llegar temprano por la mañana: la luz es suave, las alfombras están intactas y todavía se cruza uno con los artesanos de la víspera que terminan su obra, con los dedos teñidos de rojo y de blanco. Es el momento en que mi pequeña ciudad resulta más emocionante.

El clavel, flor emblema, y la Exposició Nacional de Clavells
Si Sitges tuviera una flor oficial, sería sin dudarlo el clavel, el clavell en catalán. Esta flor acompaña la fiesta desde hace mucho tiempo e incluso ha dado lugar a una cita propia: la Exposició Nacional de Clavells, organizada desde principios del siglo XX. Allí se presentan y se ponen en valor variedades de colores rotundos, celebrando un saber hortícola que la comarca cultiva desde hace más de un siglo. Es un orgullo local que se transmite como una herencia.
Me gusta recordar a mis huéspedes que esta tradición no tiene nada de rígido. El clavel sigue siendo una flor popular, casi familiar, y eso es justamente lo que la hace entrañable. Se encuentra en las floristerías del casco antiguo, en los puestos, en los ramos sencillos que los vecinos regalan sin ninguna ocasión especial. En Sitges, regalar claveles no resulta nada anticuado: es un gesto local, un guiño a la fiesta que se acerca.
Balcones floridos y floristerías del casco antiguo
La fiesta no se queda en el suelo. Levante la vista y verá los balcones vestidos de flores, las ventanas cargadas de guirnaldas y los patios abiertos durante un concurso, mostrando unos interiores que nadie sospecha desde la calle. Estos decorados floridos prolongan la fiesta en altura y convierten un simple paseo en un descubrimiento continuo. Me encanta perderme por las callejuelas del centro en esos días, sin itinerario fijo, solo para ver qué guarda cada esquina. Y el resto del año esos mismos balcones conservan sus hileras de macetas de geranios contra la cal blanca: es la firma de las calles de aquí, con fiesta o sin ella.

Es también la mejor manera de conocer a los floristas del viejo Sitges. Casas como la Floristeria Mirabent o la Floristeria Isabel forman parte del paisaje local: allí encontrará claveles, consejos sobre variedades y ese conocimiento de las fechas y de las costumbres que vale oro cuando se acerca la fiesta. De camino hacia ellas se pasa además por delante de las tiendas del casco antiguo, donde la artesanía y la decoración dialogan con el espíritu floral de la ciudad. Tómese su tiempo: aquí las flores no se compran con prisa.
Venir a ver las flores de Sitges
Si sueña con ver las alfombras de claveles con sus propios ojos, apúntelo ya: todo se juega en junio, y es una de las épocas más animadas del año. El centro se llena rápido, y las habitaciones con él: para vivir ese momento con calma, mejor organizarse con mucha antelación. No dude en escribirme antes de su estancia: le indicaré con mucho gusto las mejores calles para admirar las catifes, los horarios de la procesión y las buenas direcciones de floristerías. Cada año, cuando se van volando los últimos pétalos, pienso lo mismo: Sitges nunca es tan ella misma como cubierta de flores, y me encantaría descubrírselo, con un clavel en la mano.






