En Sitges hay una manera muy propia de cuidarse. La pequeña ciudad cabe en un pañuelo: todo se hace a pie, entre las calles blancas del centro y el paseo que bordea el mar. Se pasa de un estudio de masaje discreto a un spa de hotel frente al agua, de una clase de yoga en la arena a una mañana de piscinas calientes, sin volver a coger el coche ni una vez. Para una localidad de este tamaño, la oferta de bienestar sorprende por lo variada, y es una de las razones por las que uno vuelve.
A nuestros huéspedes suelo recomendarles que reserven un tratamiento el primer día, como quien se marca una cita consigo mismo. Estas son las direcciones que cito más a menudo en recepción, las que yo misma probaría en un día libre, con algunos consejos para aprovecharlas de verdad. Nada complicado: en Sitges el bienestar empieza en cuanto uno afloja el paso y se deja llevar por la luz.

Dejarse masajear, del masaje ayurvédico a las piedras calientes
El masaje es la puerta de entrada más sencilla. Entre las direcciones más seguras, el spa de la Casa Vilella, en primera línea de mar, tiene una sala de masajes preciosa abierta también a quienes llegan de fuera: ofrecen masajes con piedras calientes, masajes tailandeses, tratamientos faciales y rituales de vino o de cacao. Cuando alguien busca algo más envolvente, me gusta especialmente el masaje ayurvédico: este enfoque llegado de la India trabaja el cuerpo entero con aceites templados y movimientos lentos; se sale de allí algodonoso, con el cansancio desarmado. Varios terapeutas independientes del centro proponen además tratamientos tailandeses más tonificantes, en los que uno permanece vestido y se deja estirar con suavidad.
Mi consejo: reserve el día anterior, sobre todo en verano, porque los buenos huecos de la mañana se van rápido. Y no encaje nada justo después. La gracia de un masaje está también en el rato indefinido que viene detrás, cuando se pasea sin rumbo antes de volver.
Spas de hotel y circuitos de agua caliente
Sitges cuenta con varios espacios de bienestar completos, con hammam, sauna, piscinas de hidromasaje y recorridos de agua caliente y fría. El Elya Vital Spa del hotel Dolce Sitges, algo apartado en la parte alta, es el más espectacular: ocho cabinas de tratamiento, una zona de aguas y un solárium abierto a un amplio panorama de mar. Más asequible y poco conocida por los visitantes, la Piscina Municipal de Sitges ofrece todo un abanico de masajes: relajante, descontracturante, deportivo, circulatorio, además de reflexología podal y reiki. Buena noticia: varias de estas direcciones atienden también a quienes llegan de fuera, con una simple reserva.
Conviene llamar con antelación: los turnos son limitados, reservados a unas pocas personas por franja horaria para preservar la calma del lugar. Un bañador, una toalla, y ya está uno listo para una hora y media de vapor y descanso, con una infusión en la mano.
Yoga frente al mar y el arte de ir más despacio
Queda por último lo que Sitges regala sin pedir nada: el mar, la luz y el espacio. Varios profesores dan clases de yoga al aire libre, muy temprano, sobre la arena o en las terrazas que bordean las playas del paseo marítimo. Nada sustituye a un saludo al sol cuando el horizonte se vuelve rosa y la ciudad todavía duerme; las clases suelen acoger a principiantes, se paga por sesión y la esterilla la ponen ellos. Otros estudios del centro ofrecen sesiones cubiertas al final del día, más suaves, ideales al volver de una caminata larga o de una jornada de visitas.
Pero el verdadero bienestar de Sitges tiene menos que ver con los tratamientos que con un ritmo. Caminar descalzo por la orilla, sentarse frente al horizonte sin mirar el móvil, desayunar sin reloj: ese es el arte de ir más despacio que esta pequeña ciudad enseña por sí sola. El masaje y el hammam no son más que signos de puntuación dentro de un día que ya va más lento.
Si se aloja en el Hotel Noucentista, no salga a ciegas: los horarios, las reservas y las direcciones cambian de una temporada a otra, y no todas valen lo mismo. Pásese por recepción, dígame qué le apetece (un masaje profundo, una mañana de piscinas, una clase al amanecer) y le orientaré en un instante hacia el sitio que de verdad le conviene. Creo que es el tipo de consejo que no se encuentra en ninguna guía.






