Trabajo en el número 21 de la calle Illa de Cuba y tardé unas semanas en entender que ese nombre de calle no tiene nada de decorativo. Dice exactamente de dónde viene el dinero que levantó el barrio. La casa donde recibo a nuestros clientes es de 1881; en 1908 la rediseñaron como casa modernista por encargo de un hombre que había vuelto de Cuba con una fortuna. Esta es su historia, y la de una pequeña ciudad que se regaló, en una sola generación, uno de los conjuntos modernistas más bonitos de Cataluña.

Por qué mi calle se llama Illa de Cuba

En el siglo XIX, Sitges se marchó a América. Cientos de familias probaron suerte en La Habana, en Santiago de Cuba o en Puerto Rico, con el azúcar, el ron, los licores y el comercio. A los que volvían con fortuna aquí se les llamaba los indians o los americanos, dos palabras catalanas para lo mismo: el vecino que regresa rico del otro lado del Atlántico. El más conocido de todos, por cierto, nunca volvió: Facundo Bacardí Massó, nacido en Sitges en 1814, se fue a Santiago de Cuba a fundar allí el ron que lleva su nombre. Su marca ocupa hoy el Mercat Vell, el antiguo mercado municipal de 1890 dibujado por Gaietà Buïgas, en la plaza del ayuntamiento.

Después de 1898 y de la pérdida de las últimas colonias españolas, los regresos se aceleran. Los indians compran los terrenos que rodean la estación y se hacen construir casas con tribuna, vidrieras y forja, en esta calle que bautizan Illa de Cuba, «la isla de Cuba». Todavía se pueden contar a pie, en diez minutos: la Casa Antoni Ferret Llopis en los números 34-36, levantada en 1886 por Jaume Suñé Juncosa; la Casa Antoni Robert Camps en el 13, firmada por Salvador Vinyals en 1894; Can Bonaventura Blay en los 33-37, dibujada en 1901 por Gaietà Buïgas y convertida en el hotel-restaurante El Xalet. Los museos de Sitges han sacado de ahí un recorrido guiado, la Ruta dels Americanos, que pide unas dos horas.

Antiguo mercado modernista de Sitges construido en 1890, hoy la Casa Bacardí

Rusiñol, el Cau Ferrat y cinco veladas que lo cambiaron todo

Mientras los indians construían, llegaban los pintores. A comienzos de los años noventa del siglo XIX, Santiago Rusiñol compra dos casas de pescadores al borde del agua y las convierte en taller-museo: el Cau Ferrat, literalmente «la guarida de hierro», llamado así por la colección de forja antigua que cuelga allí del suelo al techo. También instala dos cuadros del Greco y, más tarde, algún Picasso.

Entre 1892 y 1899, Rusiñol organiza allí cinco Festes Modernistes, cinco jornadas dedicadas cada una a un arte, sin jurado y sin premio, reservadas a los artistas. Dos escenas merecen una parada. El 4 de noviembre de 1894, la ciudad entera sube en procesión desde la estación para llevar hasta el Cau Ferrat los dos Greco que Rusiñol acababa de comprar en París. El 14 de febrero de 1897, el violinista Eugène Ysaÿe y el compositor Ernest Chausson hacen el viaje para asistir, en el Casino Prado Suburense, al estreno de la ópera «La fada» de Enric Morera. De esas cinco veladas viene la fama de Sitges como foco del modernisme catalán.

El museo se sigue visitando, de martes a domingo, de 10 a 19 h de abril a octubre. Y el gusto por la gran cita colectiva no se ha perdido nunca: lo vuelvo a encontrar cada invierno en el carnaval de Sitges, con las mismas calles y las mismas ganas de sacarlo todo a la calle.

Sala grande del Cau Ferrat de Rusiñol en Sitges, forja y vidrieras del patrimonio modernista

La casa de Manuel Planas, 1881 y luego 1908

Manuel Planas i Carbonell nace en Sitges en 1854 y muere allí en 1936. Entre esas dos fechas hace fortuna con la destilación de licores en Santiago de Cuba, como Bacardí antes que él, y luego regresa. La casa del número 21 ya existía, era de 1881. En 1907 se deposita un proyecto en el archivo histórico de Sitges con la firma del arquitecto Josep Pujol i Brull; el colegio de arquitectos de Barcelona atribuye la ejecución de las obras, en 1908, al maestro de obras Gaietà Miret i Raventós. Es esa reforma de 1908 la que dio a la esquina de las calles Illa de Cuba y Sant Gaudenci la cara que se le ve hoy.

La ficha del patrimonio tiene una precisión que vuelve divertido el paseo: tribuna de esquina en dos pisos, gran ojo de buey ovalado en el último nivel, balcones de hierro forjado con motivos florales, frontones arqueados coronados por palmetas, galería cubierta con ventanas de arco por el lado de Sant Gaudenci. El edificio está inscrito en el inventario del patrimonio arquitectónico catalán con el número 11961 y protegido en tipo II por el plan especial del patrimonio de Sitges desde 2006. Hoy es el Hotel Noucentista.

Ojo de buey ovalado y estucos florales de la Casa Manuel Planas, patrimonio modernista de Sitges

Lo que enseño con gusto en la recepción

Si le interesa la arquitectura, pregúnteme al llegar. Le indico el sitio exacto donde colocarse, enfrente, por el lado de la calle Sant Gaudenci, para ver el ojo de buey y los estucos enteros; la luz es la más bonita a última hora de la tarde. También le doy el orden en el que subir la calle si quiere enlazar a pie las casas de indians, con una mañana basta, y le digo cuáles se visitan de verdad. Pregúnteme en la recepción o por WhatsApp antes de su estancia: contesto yo misma, y esta pregunta me gusta mucho.

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